El mejor trabajo del mundo

Por: Guillermo de Anda

Los arqueólogos nos confrontamos con la certeza de la presencia humana del pasado remoto, y tenemos el privilegio de ser participantes del desciframiento del mensaje que nos traen los objetos perdidos en el tiempo. Por otro lado, la confrontación con restos humanos inmemoriales nos hace ser espectadores de nuestra propia vulnerabilidad, de la que nos reponemos solo para interrogar a los muertos y preguntarles quiénes fueron y cómo fue su vida.

Los arqueólogos somos en suma, receptores de un íntimo mensaje manifiesto en las cosas que sobrevivieron a nuestros antepasados, en algunos casos por miles de años. Por eso me gusta tanto ser arqueólogo.

Pero este privilegio se vuelve realmente incomparable, cuando se lleva a cabo bajo el agua. Ahí los arqueólogos utilizamos una herramienta indispensable que convierte nuestra labor en una aventura increíble. Me refiero al buceo. Muchas veces lo he afirmado, ¿qué mejor trabajo podría tener?  Una rara combinación de ciencia, aventura, deporte extremo, y además…la posibilidad de descubrir claves para entender mejor nuestro pasado y algunas veces nuestro futuro.

Sacred Cenotes

Guillermo de Anda explora sacbé (camino maya) en cueva. Yucatán, México. Foto: Paul Nicklen

La arqueología subacuática en México además encuentra un campo muy fértil por la gran extensión de nuestros litorales marinos, que suman más de 10 mil kilómetros. Cuantos pecios (como llamamos los arqueólogos a los barcos hundidos) esperan pacientemente después de varios siglos, la cita con algún arqueólogo profesional que se encargue de estudiarlo y buscar la mejor manera de preservarlo y entender la tragedia que llevó, a la alguna vez orgullosa nave, a yacer en el fondo del mar.

Pero por si la gran extensión marítima que tiene nuestro país no fuera suficiente para que muchas generaciones de nuevos arqueólogos lleven a cabo investigaciones científicas en ellos, nuestro país es también prolífico en cuerpos de agua interiores, que se manifiestan como lagunas, ríos, cenotes y esteros, incluso cráteres en la cima de algunos volcanes en los que es posible bucear, investigar y realizar hallazgos extraordinarios del legado que nos han heredado nuestras culturas originarias.

En efecto, la arqueología subacuática es la mejor profesión que pude haber encontrado. Es un campo de acción enorme para que los jóvenes que aún no han definido su vocación, se decidan, ya sea por investigar los secretos de sitios arqueológicos bajo el mar, o en las profundidades de un cenote, e incluso en lo alto de una montaña. Esta profesión, se convierte en un reto que tiene grandes recompensas. Por eso quiero comentar aquí acerca de mi propia área de especialización, la arqueología subacuática de las cuevas inundadas. El universo que constituyen los cenotes, como comúnmente conocemos a las oquedades acuáticas, son un mundo que permaneció desconocido hasta hace solamente algunos años y que yace bajo el suelo de la península de Yucatán.

De acuerdo a algunos censos solo en el estado de Yucatán existen mas de 2500 cavernas inundadas. Me parece un número muy conservador porque el censo está inconcluso… pero, si esta es la cifra que arroja el conteo Yucatán, me pregunto cuántos más puede haber en el estado de Quintana Roo, que bordea con una costa muy extensa lo cual, aunado al agua de lluvia, fomenta la disolución de la roca caliza hasta formar grandes extensiones de cuevas inundadas algunas de las cuales, alcanzan longitudes de más 250 kilómetros, como el sistema Ox Bel Ha, constituyendo hasta el momento, la cueva inundada más larga del mundo. En el estado de Quintana Roo, una cifra superior a los 3 mil cenotes no sería disparatada. Este gran número de cuevas inundadas, empieza a darnos ya cifras colosales.

Esto se ha alcanzado gracias a más de 30 años de exploración en esa zona, y en ella hemos participado cientos de buceadores de cueva, quienes normalmente usamos líneas guía, para no perdernos en los sistemas laberínticos. Estas pequeñas cuerdas de nylon, nuestra versión de las migajas empleadas por Hanzel y Gretel, los protagonistas del cuento de los hermanos Grimm, no solo nos garantizan el regreso a la vida, sino que nos sirven para medir nuestras penetraciones en el mundo de la obscuridad perenne. Anudadas cada 3 metros, estas líneas nos permiten contar, mientras regresamos a la luz, cuantos nudos extendimos en nuestra exploración.

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Buzo depende de la línea de vida. Foto: Paul Nicklen

El conteo de estos pequeños amarres, nos ha dado como resultado un sorprendente total de 1390 kilómetros, y esto, solo en el estado de Quintana Roo. Sabemos ahora que un gran acuífero, se extiende bajo nuestros pies en la península de Yucatán. ¡Qué formidable reserva de agua dulce!

Toca ahora entenderlo, explorarlo más intensamente y sobre todo protegerlo, porque este tesoro de agua, elemento que según las predicciones será muy escaso, puede contaminarse irremediablemente de no tomarse medidas inmediatas para su protección. En este mundo de agua y piedra, yacían además, los mudos testigos de la historia de los humanos en el área, en excelente estado de preservación. Nueve individuos cuya antigüedad fluctúa entre los 10 mil y 13 mil años han sido descubiertos bajo el suelo de Quintana Roo.

En este mismo contexto docenas de restos de fauna que en algunos casos suponíamos inexistente, han sido registrados. Gonfoterios (elefantes antiguos parientes de los mamuts), tigres dientes de sable, perezosos gigantes, lobos, coyotes e incluso osos, cuya presencia nunca se había registrado en la península de Yucatán. Y en algunos casos extraordinarios estos animales yacen cerca de los restos de humanos que al igual que ellos se aventuraron en alguna cueva.

¿Qué haría que humanos y animales penetraran esas enormes distancias en un mundo sin luz? Me parece que la respuesta esta en la desesperación, el instinto de supervivencia en un mundo cuyo clima empezaba a cambiar drásticamente. La tierra se calentaba, dejaba de llover y había que ir cada vez más lejos por el agua. Los animales podían olerlo y los humanos los seguían. En ocasiones irremisiblemente, los exploradores arcaicos se perdían, resbalaban, morían. Yacieron ahí por miles de años, hasta que la moderna exploración de cuevas los descubrió, y se convirtieron en lo que ahora es una de los más ricos yacimientos de hombres y animales del pleistoceno de América.

Miles de años después, la gran cultura maya, cuya presencia en la zona ha quedado materializada también en los cenotes, parecen haberse enfrentado a una gran crisis ecológica. Una gran sequia que los llevó a ejercer rituales extremos dentro de las cuevas que incluían el sacrificio humano, el depósito de ofrendas de cerámica, jade, turquesa, y en algunos casos incluso oro. Sabemos ahora que los mayas antiguos utilizaban también algunos cenotes como observatorios astronómicos. La entrada a la región oscura del Universo, al inframundo del que provenía la lluvia y en donde reinaban importantes deidades se convirtió en el sitio de plegarias exacerbadas para ser escuchados por los hacedores de lluvias. Rituales como el auto sangrado a través de atravesar partes del cuerpo con espinas de raya, fueron llevados a cabo en los cenotes.

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Guillermo de Anda descubre ofrenda maya en cenote Holtún, chichén Itzá. Foto: Paul Nicklen.

La evidencia arqueológica es clara. Los mayas experimentaron también severas crisis provocadas por las sequias. Actualmente nuestro equipo de trabajo rastrea el tiempo preciso en el que esto sucedió. Hemos registrado evidencias del descenso del nivel de agua en muchos cenotes de la zona. Sabemos que el desciframiento de los tiempos en los que sucedieron esos cambios de nivel, nos llevará a entender los cambios climáticos del pasado, y probablemente los que suceden actualmente. Por eso afirme líneas arriba que la arqueología puede ayudarnos a entender no solo el pasado sino también el presente y nuestro futuro.

Es un buen momento para ser arqueólogo subacuático. Es un privilegio serlo, poder presenciar el advenimiento de una nueva era en la ciencia de la arqueología. Nuevas tecnologías nos harán mas eficientes en la preservación de los sitios, cada vez nuevos pasajes de cuevas son descubiertos, y la tecnología nos permite escudriñar las profundidades marinas lo cual sin duda se traducirá en muchos más descubrimientos de sitios sumergidos.

Tengo en suma y sin duda el mejor trabajo del mundo, y espero que muchos jóvenes se unan a nuestra extraordinaria profesión

 

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